El ser humano está hecho de símbolos. Las personas se unen en sociedad por un acuerdo común sobre el significado del hecho X o la acción Y. Ésta es la razón de que actividades que probablemente contribuyen más a la vida y el bienestar de las personas, como el trabajo doméstico, o la enseñanza, tareas tradicionalmente unidas a las mujeres, tienen mucho menos valor que otras con un carácter público, más vistosas y asociadas a los hombres.
Por ésta razón es necesario que las personas, y las mujeres en particular, tomen conciencia de que sus actividades contribuyen al desarrollo social, que tienen un significado y que no sólo se queda en el plano individual, sino que forman parte del significado conjunto que le otorga la sociedad.
Así pues el ánimo por la continuación y casi la perpetuación en el ámbito privado de las mujeres sólo puede tener por lectura la subordinación y la minusvaloración de ése ámbito dentro de la sociedad patriarcal y las mujeres que aceptan ese papel contribuyen a la perpetuación de ese rol.
No importa que individualmente ellas piensen que tiene mucho más valor que su presencia pública la crianza de sus hijos o que incluso la sociedad en su conjunto reconozca en un futuro toda su valía. Su papel en el momento en que les ha tocado vivir ha sido el de sumisión, el de aceptar que valen menos que los hombres.
En cada época ha habido unos valores diferentes y, al mirar atrás, reconocemos el valor de una profesión o una figura en su contexto. Da igual que ahora esa figura tenga un valor diferente. Los humanos tenemos la capacidad de abstraernos y contextualizar en su época. Así pasa también con el papel privado de las mujeres.
Si en su época no tienen valor, no podemos atribuírselo de forma artificiosa. Y si ellas consienten en continuar allí, por mucho valor que a título personal le atribuyan no lograrán más que alargar la situación de desigualdad y sumisión, contribuyendo al pensamiento y la atribución social de valores: el espacio privado es el de la mujer.
Por eso iniciativas como el de dar un sueldo a las amas de casa o el prestigio que desde los medio públicos artificiosamente se les quiere dar, cuando en la práctica sabemos que no es real, lo único que logran es fomentar ese lugar privado, premiar a la que sigue en su espacio familiar.
No se trata sólo de una cuestión económica, siempre teniendo en cuenta la importancia de la independencia económica, es una problema de influencia, de visibilidad, de poder, de participación, que no se consigue con unas subvenciones o con una falsa atribución de valores.
Hay que salir de la invisibilidad, de la relegación a la privacidad.



4 Responses
December 21st, 2008 at 11:36
Nada que decir, es así. Enhorabuena por su contenido y por la forma de expresarlo
December 22nd, 2008 at 12:08
puede ir al fejid???
December 23rd, 2008 at 12:34
Totalmente de acuero. Además hay que buscarse otras formas de realización personal que no sean a través de los hijos
January 8th, 2009 at 8:23
Supongo que la cuestión, en ambos sexos, está en encontrar un equilibrio entre esa vida familiar, esas “exigencias” (por llamarlas así) biológicas, y la realización personal aparte de los hijos y con ellos…
No es imposible, y se puede llegar a conciliar, pero el primer paso para hacerlo parte de uno mismo o una misma, claro está.
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