• 09Sep
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    Nuestra sociedad, como casi todas, es profundamente patriarcal, es decir, se basa en la supuesta supremacía del hombre sobre la mujer, lo que legitima que sea él quien protagonice la vida social, política, cultural, económica, etc, y que sea ella la que quede relegada al ámbito doméstico y siempre debiendo estar sometida a los deseos masculinos como ser “inferior” que es.  En ocasiones se ha llegado al extremo de no considerar a la mujer como un ser humano, de estar desprovista de alma y, aunque afortunadamente no siempre se ha considerado así, hasta hace no demasiado se ha considerado que estaba muy por debajo del hombre a todos los niveles: físico, intelectual, emocional y hasta espiritual, por lo que era necesario que los varones las tutelaran, por su propio bien, situándoles de por vida al nivel de los niños, que no son capaces de controlar su vida. Ésta concepción dicotómica ha llevado a considerar a ambos sexos no sólo en una situación jerárquica diferente, sino diferentes en sí mismos con obligaciones distintas como, por ejemplo, en la expresión de sus emociones o, incluso, en las mismas emociones que debían sentir. Por supuesto, las de las mujeres son inferiores y actualmente continuamos viendo cómo, cuando se quiere menospreciar o insultar a un hombre se le acusa de niña, mujer, etc Y cómo los hombres homosexuales, que se consideran también inferiores desde el punto de vista machista heterosexualmente centrado, son personas “afeminadas”.

    Nadie puede negar que el papel de las mujeres en la sociedad ha cambiado. Han pasado de estar relegadas al espacio privado y a la consagración al cuidado de marido a ocupar puestos fuera del ámbito doméstico. Sin embargo, el papel de los hombre sigue guardando un enrome parecido  con el que ejercían antes del cambio.

    Esto ha originado que ellas hayan tenido que asumir el doble papel, haciendo que sus jornadas y sus obligaciones profesionales y domésticas copen todo su tiempo, originando la figura de la  “supermujer”, que es capaz de asumir todo, pero que supone un gran costo para ellas. Y, en muchos casos, en lugar de intentar pensar cómo querían que fuese su rol y cómo desarrollarlo, se han limitado a imitar el que ellas ansiaban, el del poder, el del hombre, intentando asumir actitudes tradicionalmente masculinas como la violencia o la ocultación de los sentimientos. Afortunadamente ya se están dando cuenta de que no es necesario y ni siquiera deseable y se intenta buscar su propia identidad igualitaria, aunque dadas las condiciones que aún persisten, no siempre es sencillo.

    Para los hombres la familia sigue siendo algo secundario, aunque afortunadamente, va cambiando, pero su éxito está vinculado al éxito laboral y a ejercer y mostrar un papel de “macho”, de “hombre”.  En caso contrario, inmediatamente se  le aplica un castigo social en el que se le acusa de “marica”, “calzonazos” y similares palabras con connotaciones negativas. Afortunadamente cada vez más varones se están dando cuenta de lo injusto de la situación, de lo impropio que resulta en una sociedad supuestamente democrática e igualitaria y están reflexionando y actuando para cambiar también su papel. No tienen que cambiar para adaptarse a lo que las mujeres están haciendo, sino reflexionar por sí mismos cuál es el papel que quieren representar, cuál les parece equitativo y equilibrado e ir ejerciéndolo en un diálogo constante con ellas para irse amoldando mutuamente. El objetivo no es que sean ellas o ellos quienes impongas las directrices, sino hacer una evaluación de las situaciones e ir cediendo o reclamando terreno, ir negociando para construir una sociedad que puede ir dando respuesta a las necesidades creadas a los largo del último siglo y que sea lo más satisfactoria y justa posible; sin imposiciones, abusos ni papeles predefinidos sólo por ser de tal o cual colectivo.

    El primer paso para poder lograr ésta meta primero debemos alcanzar la igualdad real entre los sexos o, mejor dicho, entre los géneros. A simple vista, tanto en España como en la mayoría de los países occidentales, mucha gente afirmaría sin dudar que la igualdad ha sido alcanzada. En parte es cierto. Centrándonos en el caso Español, desde que la Constitución fue aprobada y sancionada existe una plena igualdad legal y cualquier ley, norma o regla que contradiga el principio de igualdad es nula. Si embargo, lo difícil de alcanzar no es lo difícil, a pesar de que en la mayoría de los países aún no se ha logrado, la máxima dificultad radica en alcanzar la igualdad real. Hoy, 30 años después de la consecución de la democracia y la Constitución en nuestro país aún existen muchas mujeres que no trabajan porque sus parejas no se lo permiten o, porque aún pensando que es elección propia, han sido condicionadas y socializadas en que la casa es su lugar natural y cuidar de su marido e hijos su papel primordial; aún hoy las mujeres trabajadoras dedican mucho más tiempo que ellos a las tareas domésticas, aún hoy mueren mujeres a manos de sus parejas o exparejas porque no han “cumplido con su obligación” o “si no es mía no es de nadie”, aún hoy  existen mafias que explotan y esclavizan tratándolas como objetos; aún hoy los estudios y las profesiones están segregados y existen igual que antes los famosos “techos de cristal”. Y es que a todo ello contribuyen los llamados “micromachismos”, actitudes, lenguaje y comportamiento difícil de detectar por su pequeñez y porque nuestra socialización nos los ha inculcado desde nuestra infancia: expresiones, juegos, actitudes, aprobación de determinadas conductas y represión de otras, etc (como ejemplo evidente cabe destacar que ellas siempre tienen que ser bellas, e ir arregladas hasta extremos que pueden poner en peligro su salud física o psicológica, mientras que para los hombres no es necesario).

    Retomando el nivel legal, podemos afirma que desde la Constitución se había dado un pequeño estancamiento, es decir, se habían ido eliminando normas discriminatorias y elaborado planes, pero no se había hecho un gran avance para actualizar la legislación al nuevo contexto y las nuevas necesidades sociales a éste respecto. Las diversas leyes de igualdad y contra la violencia de género, así como los planes  de igualdad de oportunidades aprobados tanto a nivel local, autonómico, estatal y Europeo (Ley 30/2003, LO 1/2004,  LO 3/2007, PIOMH, plan estratégico de igualdad de oportunidades, etc.)  están ayudando mucho a que se siga avanzando y concienciando a la gente sobre lo que aún queda por hacer y a pesar de que algunas, como la 39/2006 (Ley de dependencia) puede llevar a que sigan siendo ellas las que se encarguen de las personas dependientes. Y, por supuesto, la creación del ministerio de igualdad, que, aunque entre determinados sectores poblacionales ha creado mucho rechazo, hace que el tema de la igualdad esté presente y se cree un debate. Algunas de las medidas más importantes y que pueden tener más repercusión pueden ser: medidas de conciliación, la obligatoriedad de introducir planes de igualdad en empresas y administración pública, programas específicos para mejorar la empleabilidad de las mujeres, etc.

    ¿Y qué pasa con ellos?¿Qué tienen que hacer ahora?

    Algunos de ellos que aunque siguen siendo minoría,  su número va creciendo progresivamente, se han dado cuenta de lo injusto de la situación. Injusto por la situación discriminatoria que la sociedad patriarcal y su pseudoigualdad supone para las mujeres;  pero también para el sector masculino. Ellos no quieren tener que perpetuar su papel de “machos”, no quieren seguir dando una imagen de personas sin sentimientos que se aprovechan de las desventajas de lo más débiles y sólo centrarse en su vida laboral. Quieren también poder elegir cuál es su lugar, cuál es su papel. Quieren poder tener el control sobre su vida eligiendo cómo vivirla sin imposiciones de género tampoco para ellos.

    Así pues, es necesario que se haga una reestructuración, una nueva interpretación del género en los hombres. Las mujeres, como ya he señalado, han pasado de intentar imitar a los hombres, a intentar buscar su lugar. Ellos han de hacer lo mismo, en comunión, por supuesto con ellas y viceversa. El poder ya no tiene que ser el cáliz buscado por los varones sin tener en cuenta los medios utilizados para llegar a él. O sí, dependiendo de la elección individual, pero enfrentándose a las consecuencias de sus actos, positivas o negativas, no siendo reforzado socialmente sin ningún motivo añadido, sino solo por ser personas.

    Aunque en un primer momento puede que la igualdad real y absoluta que buscamos pueda ocasionar un poco de temor, por la pérdida de poder, de status, etc, considero que es mucho más lo que pueden ganar. Respecto a la pareja o las compañeras una relación de igual a igual siempre es mucho más fructífera y reconfortante porque se sabe que está basada en la libertad, en las verdaderas opiniones y actitudes y no en convenciones sociales que fuerzan situaciones no reales.

    La participación en el ámbito familiar, en las relaciones con sus hijos e hijas hará que se pueda tener  más campos que sean fruto de satisfacción  y no sólo el terreno laboral.

    Aún queda mucho por hacer, tanto a nivel institucional-legal-público, como en la vida privada de unos y otras hasta que se pueda lograr una igualdad plena. Sn embargo, lo más importante es tener claro hacia dónde se quiere ir y qué se quiere conseguir. Con ello hemos dado el primer y puede que más importante paso.

  • 27Mar
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    Una vez lograda la igualdad formal, tanto a nivel Europeo, como sobre todo, a nivel Español  (arts 1, 9.2 y 14 C.E.), no fue difícil darse cuenta de que esto no era suficiente, incluso durante la redacción de la Constitución (ya se estaba viendo éste efecto en otros países como EE.UU. desde principios de los 70).

    La igualdad efectiva y real  no podía alcanzarse únicamente de ésta manera, puesto que había dos dificultades: por un lado una discriminación social tradicional y, por otro lado, y como efecto de la igualdad en las leyes se producía desigualdad al aplicarse igualdad a las desiguales.

    Al no haber avanzado tanto como sería deseable en éste campo se ha aprobado la Ley Orgánica de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres 3/2007, aunque las medidas que a continuación explico ya se daban, en ésta ley se explican, aclaran,  legitiman y a veces, se obligan.

    Para intentar corregir el efecto de la desigualdad real se redactaron e implementaron las llamadas “acciones positivas”, ya contempladas en la carta magna. Se trata de favorecer a la población femenina en determinadas circunstancias y contextos, especialmente en aquellos en los que están infrarepresentadas o a los que, por discriminación visible, o no tanto, les es más difícil acceder. Éstas medidas son, por definición, siempre transitorias y nunca finalistas. Su objetivo es buscar la igualdad de las desiguales. Están, pues, dirigidas a las mujeres. A pesar de haber sido muy criticadas por suponer, según diversas opiniones, discriminaciones hacia los hombres, las acciones positivas están legitimadas por naciones Unidas , la carta de derechos sociales fundamentales de 1989 y la  carta de derechos fundamentales de 2000 de la U.E.

    Las transversalidad es una herramienta que consiste en la aplicación del enfoque de género en todas las políticas públicas y sería deseable que también en las privadas. ES obligatorio aplicarla por mandato de la Unión Europea, que ha supuesto, para nuestro país, un gran impulso en cuanto a aplicar políticas de igualdad como éstas. Y es uno de los principios fundamentales en la hoja de ruta para la igualdad de mujeres y hombres 2006-2010 de la UE.

    Supone tener en cuenta las consecuencias que una determinada normativa o actuación pueden tener sobre las mujeres o los hombres según su situación general. Busca que no se perjudique o beneficie en concreto a nadie, busca la igualdad. No va orientada a un colectivo concreto, y no es algo transitorio.

    Vemos, pues que no son elementos incompatibles o excluyentes, sino que cada uno tiene su función y se pueden aplicarse según se evalúe necesario o conveniente.

  • 19Jan
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    Nadie puede discutir que los tiempos de dedicación al trabajo doméstico son, aún, territorio femenino. Es cierto que mucho se ha avanzado y que el mito de la “supermujer” no es sostenible ni justo .

    Sin embargo la carga de las tareas sigue pendiente de las mujeres: los problemas con los hijos, la organización de la casa, el mantenimiento de la limpieza, siguen siendo responsabilidades “simbólicas” de las mujeres.

    A lo hombres no se les exige tanto e incluso cuando no lo hacen se le toma por “fíjate éste soltero” o claro, si es que es un hombre, con un tono jocoso, mientras que si ellas no lo hacen son “un desastre” en un tono no tan jocoso.

    Además, debemos tener en cuenta que las mujeres han tenido históricamente una peor formación, tendencia que está cambiando en los últimos años. Éste, entre otros factores, como la persistente discriminación, o el problema de la disponibilidad al atender a los hijos, han hecho que los trabajos que desempeñan sean menos reconocidos y con peores condiciones que la media de los hombres. Tienen, por tanto, menos posibilidades de elegir un horario adecuado y menos posibilidades económicas de contratar personas que cuiden de los hijos o personas dependientes del hogar. Muchas veces hemos oído que se dice: pues para que alguien se lleve el dinero que gano, mejor me quedo en casa. Y son ellas las que se quedan. Y la dependencia económica además del alto coste emocional que supone estar dedicadas a una o unas personas no se tiene en cuenta. Ni siquiera en algunas de las nuevas leyes, como la de dependencia, que sigue atribuyendo a la familia el deber de cuidar a los dependientes, con ayudas, eso sí, pero la familia es la reponsable. Y cuando se habla de familia, la mayoría hace referencia a las mujeres.

    Las posibilidades de trabajo con un horario flexible o el teletrabajo contribuirían a facilitar la conciliación, pero son aún pequeñas islas en el mundo de la oferta laboral en España.

  • 21Dec

    El ser humano está hecho de símbolos. Las personas se unen en sociedad por un acuerdo común sobre el significado del hecho X o la acción Y. Ésta es la razón de que actividades que probablemente contribuyen más a la vida y el bienestar de las personas, como el  trabajo doméstico, o la enseñanza, tareas tradicionalmente unidas a las mujeres, tienen mucho menos valor que otras con un carácter público, más vistosas y asociadas a los hombres.

    Por ésta razón es necesario que las personas, y las mujeres en particular,  tomen conciencia de que sus actividades contribuyen al desarrollo social, que tienen un significado y que no sólo se queda en el plano individual, sino que forman parte del significado conjunto que le otorga la sociedad.

    Así pues el ánimo por la continuación y casi la perpetuación en el ámbito privado de las mujeres sólo puede tener por lectura la subordinación y la minusvaloración de ése ámbito dentro de la sociedad patriarcal y las mujeres que aceptan ese papel contribuyen a la perpetuación de ese rol.

    No importa que individualmente ellas piensen que tiene mucho más valor que su presencia pública la crianza de sus hijos o que incluso la sociedad en su conjunto reconozca en un futuro toda su valía. Su papel en el momento en que les ha tocado vivir ha sido el de sumisión, el de aceptar que valen menos que los hombres.

    En cada época ha habido unos valores diferentes y,  al mirar atrás, reconocemos el valor de una profesión o una figura en su contexto. Da igual que ahora esa figura tenga un valor diferente. Los humanos tenemos la capacidad de abstraernos y contextualizar en su época. Así pasa también con el papel privado de las mujeres.

    Si en su época no tienen valor, no podemos atribuírselo de forma artificiosa. Y si ellas consienten en continuar allí, por mucho valor que a título personal le atribuyan no lograrán más que alargar la situación de desigualdad y sumisión, contribuyendo al pensamiento y la atribución social de valores: el espacio privado es el de la mujer.

    Por eso iniciativas como el de dar un sueldo a las amas de casa o el prestigio que desde los medio públicos artificiosamente se les quiere dar, cuando en la práctica sabemos que no es real, lo único que logran es fomentar ese lugar privado, premiar a la que sigue en su espacio familiar.

    No se trata sólo de una cuestión económica, siempre teniendo en cuenta la importancia de la independencia económica, es una problema de influencia, de visibilidad, de poder, de participación, que no se consigue con unas subvenciones o con una falsa atribución de valores.

    Hay que salir de la invisibilidad, de la relegación a la privacidad.

  • 07Dec
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    ¿Cómo se resuelven los siguientes enigmas?1*:

    1. “Conseguimos ganar el partido sin que ningún jugador metiera ni un solo gol”, comentaba el equipo en el vestuario. ¿Cómo es posible, si el resultado final fue de 5 a 12? 2

    2. Pérez tenía un hermano. El hermano de Pérez murió. Pero el hombre que murió nunca tuvo un hermano.

    3. Un padre y su hijo iban en coche cuando, de pronto, el padre perdió el control del vehículo y se estrellaron contra un poste telefónico. El padre murió en el acto: su hijo quedo muy maltrecho y fue llevado rápidamente al hospital, en donde se le apreciaron lesiones importantes que requerían urgente intervención. Fue llamado el equipo médico de guardia y, cuando llegaron a la sala de operaciones a examinar al chico, se oyó una voz diciendo: ¡No puedo operar a este niño, es mi hijo!3

    De la lectura se desprende que en el acertijo número 1 los que meten goles son las jugadoras, en el 2 que Pérez es una mujer, y en el 3 que el médico que iba operar la niño es su madre.

    ¿Por qué si no se plantean como acertijos o vemos en qué contexto están no nos planteamos ni siquiera que los protagonistas puedan ser mujeres?

    En primer lugar por el lenguaje tan masculinizado que tenemos. El lenguaje, además de servir para comunicarnos, es el reflejo de lo que ocurre en la sociedad, de los valores, de las jerarquías, de las estructuras, de las vivencias, etc. El lenguaje se adapta a lo que ocurre, a los cambios.

    Nuestro lenguaje es eminentemente masculino. El masculino se utiliza para nombrar a lo masculino en si, y a lo masculino y a lo femenino cuando está mezclado. ¿Por qué si hay 100 mujeres y un solo hombre ya utilizamos VOSOTROS en lugar de VOSOTRAS? (la academia de la lengua ha admitido como correcto utilizar el femenino ante una mayoría de mujeres aunque haya hombres. Sin embargo, no lo solemos hacer). Esto es un reflejo de cómo la sociedad, a pesar de todos los avances que se han dado en materia de igualdad sigue teniendo un fondo y una base machista.

    En el caso de los acertijos anteriores además vemos en el 1 y en el 3 que las actividades a las que se refiere son públicas, y las tenemos interiormente relacionadas con los hombres. Nunca nos imaginaríamos que hacen referencias a mujeres si no se nos da una pista, una referencia.

    Así pues vemos, que si queremos que la igualdad se vaya convirtiendo en un hecho real, una de las primeras cosas que debería cambiar es el lenguaje y esas asociaciones internas que tenemos, de dar por hecho que lo masculino es lo prioritario, lo que existe “por principio”.

    1.“ACERTIJOS, Extraído del material formativo aportado por la profesora Mª Elena Simón, Curso Agentes de Igualdad I, Madrid, 4 de abril 2003.

    2. Fuente: MINDTRAP (Matel)

    3. Fuente: Catalá A.V. ; García-Pascual E. (1987). Una mirada otra vez. Valencia: Generalitat Valenciana.

    * Fuente: EFOREM, Agente de igualdad de oportunidades 1. Módulo 1 ejercicio 1.

  • 01Dec
    Categories: teoría Comments: 18

    Feminismo NO es lo contrario a machismo.

    El discurso habitual de las personas opuestas a este movimiento, sean contrarias conscientemente o simplemente por desconocimiento, es que tan radical es una postura como otra, y la impresión que dejan es que las feministas lo que buscamos es la supremacía de la mujer en una especie de sociedad matriarcal. Algo así como lo que han hecho los hombres desde hace siglos, pero con las mujeres ejerciendo la postura tiránica. Suelen añadir además que lo que hay que defender es el “igualitarismo”.

    Igualitarismo es un término muy general. Puede referirse a muchas cosas y es por ello que feminismo tiene una entidad propia muy necesaria, pero con el transfondo de buscar la igualdad. La igualdad REAL, debo añadir.

    Los orígenes del feminismo como corriente “formal” y organizada. Los podemos encontrar en la revolución francesa. En ese momento las mujeres vieron su oportunidad de entrar a formar parte de la ciudadanía. Por todas partes se proclamaba la igualdad de todos, sin tener en cuenta la clase o el origen social.

    Sin embargo, vieron cómo ese todos, se refería a todos en masculino. Las mujeres quedaron una vez más excluidas de la vida pública.

    Por esta razón acuñaron la palabra feminismo. los revolucionarios proclamaban la igualdad, pero este término no les servía, porque no las incluía a ellas. Así “feminismo” se refería  a la igualdad, al igualitarismo, pero incluyendo a las mujeres.

    La idea de defender una sociedad matriarcal deberíamos denominarla con un término que lingüísticamente sea contrario a machismo: hembrismo idea que, por supuesto, es tan negativa como machismo.

    El antónimo de feminismo es, por tanto, “masculinismo”, término que agrupa una corriente en la que los hombres buscan reajustar su papel y lugar en la sociedad tras el cambio de roles y de lugar alcanzado por las mujeres. Estos hombres buscan adaptarse a la sociedad y que la sociedad se adapte a ellos.

    Podemos decir que Masculinismo y Feminismo son dos caras de la misma moneda. Lo único que cambia es la perspectiva, más femenina o masculina, pero que buscan lo mismo en último término.

    El ideal es que estos términos y posturas no tengan sentido, porque todas las personas podemos disfrutar de una sociedad más justa e igual.